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Sunday, August 16, 2015

Teilhard de Chardin


Sergio A. López Rivera
Entre otros libros, el renombrado científico y paleontólogo escribió
El fenómeno humano, que debe ser leído como “una introducción a una explicación del mundo”.
El Universo es un fenómeno temporal.
A la muerte, en 1955, de este científico y renombrado paleontólogo, su prestigio y fama eran ya del conocimiento mundial, sobre todo por haber dirigido las excavaciones en Chou Kutien, cerca de Beijing, en las que se encontraron restos del famoso Sinanthropus u Hombre de Beijing.
Para su formación teológica y religiosa, como miembro de la Compañía de Jesús, no era suficiente ni definitivo registrar los hechos como tales, sino trascender a una realidad más profunda que él denominaba “sentido de la plenitud”, lo que lo llevó a interpretar los hechos y encontrarles un sentido, actitud que después de sus cincuenta años de paleontólogo le permitió tener una visión del cosmos, de la vida y del hombre que jamás pretendió que fuera metafísica, pero que obligadamente era ultrafísica. De manera tal que, como otros científicos renombrados –Poincaré, Einstein, Jeans–, insensiblemente pasó de la ciencia a la filosofía.
Fue esto lo que provocó el gran debate alrededor de su obra desde sus primeras publicaciones en revistas especializadas, en las que la originalidad y profundidad de su planteamiento, la seriedad y hondura de la observación y el análisis de los hechos, ejemplo de impecable rigor lógico, provocaron y fueron objeto de apasionados debates en diversos niveles del conocimiento general, y que demostraron que Teilhard siempre procuró, y logró, ser uno y el mismo.
Hay que señalar que una de sus ideas principales es que la evolución, al igual que en la obra de otros autores como Bergson y Le Roy, constituye la dimensión temporal de lo real y, por lo tanto, el universo es en sí mismo una historia, en la que la cosmogénsis, la biogénesis y la antropogénesis son capítulos de la misma. En la evolución, constreñida entre los dos infinitos tradicionalmente aceptados, lo inmenso y lo ínfimo, se presenta de forma constante el infinito de la complejidad. Gracias a esta complejidad, la materia llega a ser capaz de recibir la vida y la vida llega a ser capaz de recibir el pensamiento, en ese fenómeno que llamamos evolución, la cual es dirigida, irreversible y constante.
Las obras de Teilhard de Chardin tratan del desarrollo y demostración de esas tesis fundamentales y es en ellas que debemos estudiar los argumentos con que demuestra su validez no sólo científica, sino también ultrahumana, pues para él, con la aparición del ser humano con conciencia y reflexión, al igual que un sentido inmanente de la trascendencia, comienza la autoevolución en la que se llega a la noósfera y a lo ultrahumano, mediante la complejidad social que tiene su destino final en el punto Omega, polo de la evolución entera que atrae a todo el universo.
Teilhard fue un ser humano que se adelantó a su época y por lo mismo no fue totalmente entendido y comprendido en su pretensión científica y ultrafísica, en virtud de lo cual quiso ser, y lo logró, tanto hijo del cielo como de la tierra, y nunca tuvo duda alguna de que para ser cristiano y religioso tuviera que renunciar a lo humano que representaba su quehacer científico. Esta actitud le valió la censura vaticana y la prohibición de publicar más cuadernos y artículos en su vida crepuscular, relegado al silencio en el que murió, para después ser altamente reivindicado en el Concilio Vaticano II.
La ley de la recurrencia
En su opúsculo La vida cósmica, el autor señala que el mundo está construido bajo el imperio de la ley de la recurrencia, en virtud de la cual la materia, al analizarla, es considerada como una agregación innumerable de centros que se ligan y dominan, de modo que estructuren, por sus combinaciones, centros de orden superior cada vez más y más complicados (1916).
Posteriormente, en 1923, en su obra La hominización, introducción a un estudio científico del fenómeno humano, aclara que lo que se propone es expresar una visión, tan objetiva y espontánea como sea posible, de la humanidad considerada en su conjunto y en sus conexiones con el universo, como un fenómeno. Posteriormente, y por completo fiel a su posición científica, afirmará siempre, como en su obra Ensayo de un universo personal, que jamás ha introducido, ni explícitamente ni de manera implícita, la noción de “lo mejor absoluto” o la de “causalidad” o “finalidad”, (en Obras, 1937). En 1942, en su ensayo El lugar del hombre en el universo, reflexiones acerca de la complejidad, advierte:
Fuente: teilharddechardingrupodeestudio.org
Queda bien entendido que en lo que sigue, me confino yo, como es pertinente, en el terreno de los hechos, es decir, en el dominio de lo tangible y de lo fotografiable. Discutiendo, como científico, las perspectivas científicas, debo atenerme, y en realidad me atendré estrictamente, al examen de la disposición u orden de las apariencias, esto es, a los fenómenos. Me ocuparé con ahínco de la vinculación y sucesión que manifiestan estos fenómenos y no, en verdad, de su causalidad profunda. Tal vez, me aventuraría hasta una ultrafísica. Pero no busquéis aquí ninguna metafísica. No hay en ello por tanto ninguna síntesis apriorística geométrica a partir de una definición del Ser, sino una Ley de Recurrencia experimental, verificable en el campo fenoménico y convenientemente extrapolable a la totalidad del espacio y el tiempo, nada de una metafísica abstracta, sino una ultrafísica realista de la unión.
Queda pues claramente expresado en su pensamiento y en su intención como paleontólogo y hombre de ciencia, que siempre pretendió mantenerse en el campo científico de la observación, en el cual se considera solamente la sucesión y la interdependencia de fenómenos, por tanto, una Ley Experimental de Recurrencia y no análisis ontológico de las causas.
En su libro El fenómeno humano, quizá el más importante de toda su obra, junto conEl medio divino, advierte a los lectores que deberá ser leído no como una obra metafísica ni como un ensayo teológico, sino única y exclusivamente como una memoria científica, como sin duda alguna anuncia ya su título: ante todo, nada más que el fenómeno, pero también todo el fenómeno. Es por tanto claro que en el mismo debemos buscar y encontrar no una explicación, sino solamente una introducción a una explicación del mundo. Lo que Teilhard pretende es, indiscutiblemente, establecer en torno al hombre, elegido como centro, un orden coherente entre consecuentes y antecedentes; descubrir entre los elementos del universo, no un sistema de relaciones ontológicas, sino una ley experimental de recurrencia que exprese su aparición sucesiva en el desarrollo del tiempo. Sigue advirtiendo Teilhard al lector que, más allá de esa primera reflexión científica, el terreno queda abierto a las reflexiones más hondas del filósofo y del teólogo, terreno en el cual advierte que ha evitado escrupulosamente aventurarse.
Teilhard delimita constantemente su punto de vista como un esfuerzo por ver y hacer ver lo que llega a ser y exige el hombre, si se le coloca, todo entero y hasta el fin, en el cuadro de las apariencias, desarrollando así una perspectiva homogénea y coherente de la experiencia general y extensiva del hombre, sin buscar, bajo ningún pretexto, una explicación última de las cosas, o sea una metafísica.
Es por ello que algunos estudiosos consideran a su obra una “fenomenología”, pues así es como se expresa él mismo, señalando que esa ley de recurrencia cimenta y domina toda la experiencia, es decir, la “ley de complejidad conciencia”. Nuevamente Teilhard advierte de la naturaleza puramente científica de su esfuerzo, en su curso impartido en La Sorbona, denominado “El grupo zoológico humano, estructura y direcciones evolutivas”, al declarar que no pretende dar una definición exhaustiva del hombre, sino que busca sencillamente fijar las apariencias fenoménicas, en la medida en la que lo humano puede ser mirado legítimamente por la ciencia, como prolongación y coronamiento de lo viviente y que, por tanto, el objetivo de dicho curso consiste en intentar definir experimentalmente lo misterioso humano, su posición actual en relación con las otras formas que ha tomado en torno nuestro el material cósmico en el transcurso del tiempo.
Por ello resulta importante considerar que en la época en la que Teilhard de Chardin vivió y concibió su obra, su punto de vista equivale a lo que Aristóteles definía como Física y los escolásticos como Cosmología, o sea que su obra trata de lo real desde el punto de vista objetivo, es decir el de la ciencia.
El sentido de la evolución
La evolución enseñó a la humanidad lo que significa el tiempo, dado que lo real no sucedió de una sola vez sino que surgió y sigue surgiendo a través de millones de años, lo que hizo señalar a Teilhard que nos encontramos en un proceso no terminado, sino en uno de cosmogénesis, que entendió perfectamente como un proceso dentro del tiempo y el espacio. Esta característica evolutiva del universo y todo lo que en él se encuentra, ha sido la gran evolución que comenzó con Darwin y aquellos que afirmaron el proceso de evolución desde el siglo XIX.
Es este significado de la evolución el que nos dice que el universo es un fenómeno temporal, que está siendo creado, no algo ya finalizado, sino un proceso creativo. Nuestro autor así lo da a entender cuando afirma: “La evolución no es creadora, sino la expresión en el tiempo y en el espacio de la creación, en los cuales hay una unión orgánica para tejer el conjunto de la trama del Universo.”
En ese contexto, y sin pretender hacer metafísica, se plantea la cuestión del sentido de la evolución. En la obra de Teilhard se trasluce que la mera lectura científica del fenómeno en sí, representa una investigación del sentido, que no deja de ser la originalidad de toda su obra de investigación. Toda su obra científica se caracteriza por ser un esfuerzo para leer, en la misma realidad, el sentido de la evolución. Así lo afirma cuando dice: “Nos encontramos frente a un problema de la naturaleza, descubrir, si en realidad existe, el sentido de la evolución, se trata de resolverlo sin abandonar el terreno de los hechos científicos. Esto es lo que trataré de hacer aquí.” (Esbozo de un universo personal, 1937).
Posteriormente refuerza su convicción cuando en El fenómeno humano señala: “La ciencia en sus ascensiones y hasta, como lo demostraré, la humanidad en su marcha, están estancadas, porque los espíritus vacilan en reconocer que hay una orientación precisa y un eje específico de evolución.”
Colmillo encontrado por Teilhard de Chardin en 1913
El equipo de Chu Ku Tien, de izq. a der.: Pei, Young, dos estudiantes, Teilhard de Chardin, Davidson Black y George Barbour, 1929 Fuente: teilharddechardingrupodeestudio.orgEn la cuenca de la Pasiega, Pierre Teilhard de Chardin (derecha al frente) con M.C Burkitt. Nels C. Nelson y Paul Wernert

Sunday, August 09, 2015

Heinrich Böll en A Romper el Cerco Informativo !


Ricardo Bada
Heinrich Böll en 1937.
Fuente: www.johnnydepp-zone
“Nosotros también fuimos colonia”,
afirmaba el autor de Opiniones de un clown
Allá por el otoño de 1992 me llamaron de la Fundación Heinrich Böll, entonces domiciliada en Colonia, para ofrecerme un sueño: hacer una antología de la obra de su titular.
Conviene precisar aquí que la FHB no es literaria sino política. En Alemania, cada uno de los partidos políticos representados en el Bundestag, el Parlamento federal, dispone de su propia fundación. Todas ellas orientan sus respectivos trabajos en orden a sus ideologías respectivas y mantienen representaciones, a veces muy influyentes, en el extranjero. Y cuando el partido de Los Verdes llegó al sanctasanctórum de la democracia alemana, una de sus primeras medidas y providencias fue la de institucionalizar una fundación propia, solicitando de la familia Böll la autorización, que les fue concedida, para titularla con el nombre del escritor.
En su trabajo, la FHB mantiene relaciones con otras homólogas, en el mundo entero, que como ella están comprometidas con temas ecológicos, educacionales, feministas... Pero hete aquí que de la aipe, la Asociación de Instituciones de Promoción y Educación, en Bolivia, les llegó un mensaje descorazonador: el de que Heinrich Böll, a pesar de la indiscutible vigencia de su nombre y de su magisterio, era un ilustre desconocido en América Latina, o al menos lo era en Bolivia. Entre otras muchas causas porque, excepto la primera vez, que fue en Argentina (El tren llegó puntual, Guillermo Kraft, Buenos Aires 1955), el resto de la obra de Böll se había publicado en España y casi no tuvo distribución en Latinoamérica. Eso además de que los libros españoles, un producto de importación, eran caros, inasequibles al bolsillo del lector común.
Por lo mismo, la A AIPE sugirió a la FHB la publicación cofinanciada de una antología, la FHB consultó con la familia de Böll, y René, el mayor de sus hijos, y quien vela por la publicación de la obra de su padre, estuvo de acuerdo, pero no sólo eso, propuso además que fuera yo quien llevase adelante aquel proyecto. Con lo que volvemos a las dos primeras líneas de este artículo.
De inmediato puse manos a la obra y procedí, para comenzar, a hacer una selección de textos donde resistí la tentación de incluir algunos fragmentos de sus novelas; una selección donde se incluían cuentos largos y cortos, artículos, conferencias, escritos autobiográficos, un radioteatro, cinco poemas. Aceptada que fue, por la familia y por la FHB, constaté que casi dos tercios de la misma ya estaban traducidos a nuestro idioma. Fue entonces preciso revisar esas traducciones para tratar de obviar los errores que hubiera, y también para homologar conceptos y expresiones.
(En esa revisión rescaté para los lectores la frase llena de faltas de ortografía y de sintaxis (“El que madruja dios le halluda”) que aparece al final del cuento “Recuerdos de un joven rey”. Aún tenía presente la impotente rabia del malogrado José Moral cuando descubrió, al ver publicadas sus traducciones de los cuentos de Böll, que un sabiondísimo corrector de estilo le enmendó la sintaxis y la ortografía de esa frase, sin darse cuenta –¡¿será posible?!– de que ambas eran las del joven rey, castellanizadas congenialmente por Pepe Moral. Y es que hay gente bien bruta en este mundo, incluyendo en ella a los correctores de estilo. Pero sigamos.)
Rescaté asimismo párrafos que algún despiste o una excesiva comodidad habían dejado de lado. Y me tomé la libertad (perdón por la ironía) de tratar de ajustar al original los títulos de dos o tres de esas traducciones. Por último estandaricé en todas ellas, y en las mías –puesto que yo mismo traduje el tercio que aún no lo estaba–, la mención de América Latina: al igual que muchos otros europeos, Böll propendía al uso de la expresión “Sudamérica”, no siempre, pero sí las suficientes veces como para que resultase desconcertante en el contexto.
Aquí debo señalar que en la selección, además de por un zoom personalísimo, me dejé guiar por una óptica que llamaré hispanoamericana, y así, entre los treinta y tres trabajos elegidos, figura una decena que guardan relación con América Latina y con España. No son, desde luego, los únicos textos suyos donde se encuentran referencias a nuestro mundo: puedo acordarme al menos de otra decena en donde son constantes las menciones de Salvador Allende, el Che Guevara, Ernesto Cardenal, Camilo Torres. Hay, además, un dato anecdótico interesantísimo acerca de la relación que el autor de Opiniones de un clown mantenía con Latinoamérica, y es que el departamento de radioteatro de la WDR [Radio Colonia], le encargó allá por 1979 la versión radiofónica del drama incaico Ollantay: Böll se limitó a elaborar un “borrador de trabajo” de sesenta y dos páginas (del que poseo una copia) sobre el cual no volvió nunca; era evidente que no le satisfacía el final feliz del viejo drama y no veía modo ni manera de reestructurarlo sin falsear el original.
Así, pues, en mi antología, que es la única integral que existe de la obra de Böll en castellano, y que vio la luz en La Paz, Bolivia, en 1995, pueden leerse el ya citado cuento “Recuerdos de un joven rey” (donde el depuesto monarca, que se ha unido a una tropa circense, descubre en un museo de Madrid, en una vitrina dedicada a su dinastía, un cuaderno escolar suyo con aquella frase plagada de faltas de que hablé más arriba); y se puede leer también el precioso cuento “Viajas demasiado a Heidelberg” (cuyo protagonista tácito es el exilio chileno en Alemania durante la dictadura del felón Pinochet); y el texto titulado “Recordando a Las Casas”; y el prólogo al libro Si se me permite hablar... Testimonio de Domitila, mujer de la zona minera boliviana (editado por su hijo René en una pequeña y valiente editorial que fundó por aquellos años, el sello Lamuv); y un poema dedicado a Ernesto Cardenal cuando éste cumplió sesenta años.
Heinrich Böll y su familia. Fuente: www.johnnydepp-zone
And last but not least, mi antología incluyó el texto completo de una entrevista que le hice el 26 de noviembre de 1982, para la Radio Deutsche Welle, donde me desempeñé como redactor cultural desde 1965 a 1999, ambos inclusive. Ocurre que allá para 1982 Böll ya estaba muy cansado de todo, hastiado, descorazonado, de reflexionar acerca de la evolución general del mundo, pero sobre todo acerca de la de Alemania de un modo harto personal. No dejaba de aparecer en las grandes manifestaciones contra el estacionamiento de ojivas atómicas, ni de solidarizarse con Los Verdes (partido que acababa de iniciar su andadura), ni de emitir su opinión sin andarse por las ramas cada vez que lo pedían las circunstancias... pero eludía las entrevistas y casi no concedía ninguna.
Fue justo en esos momentos que un día, conversando con René y su esposa ecuatoriana, Carmen Alicia, le dije a él: “Tu padre ya no concede entrevistas y me parece muy bien, porque debe de estar harto, y con razón. Pero Don Enrique [como siempre lo llamé, y así se titula mi antología] es uno de los pocos escritores europeos que sabe algo, y que lo sabe a fondo, de América Latina y de la literatura de ese continente. Y jamás se le ha hecho una entrevista sobre esos temas, ¿no te parece que es una pena que no quede reflejo de lo que él piensa sobre ellos?” René estuvo de acuerdo conmigo y me prometió hablar con su padre al respecto. Un par de días más tarde me llamó por teléfono a la redacción y me preguntó: “¿Puedes venir el viernes a casa, a eso de las seis de la tarde, con una grabadora?”
De aquella entrevista transcribo acá, para cerrar este artículo, un par de fragmentos que creo que se cuentan entre las reflexiones más originales que se hayan hecho, por un europeo, acerca de lo que es América Latina. La traduje de manera absolutamente literal, e íntegra, razón por la cual en ella se advierte cómo es que Böll pesa y mide lo que dice, no le importa repetirse, pero sobre todo, sobre todo, siempre desea saber al final si su interlocutor ha entendido lo que quiso decir.
Jamás en la vida olvidaré la mezcla de esperanza, de humildad y de asumido escepticismo que se encerraba en cada uno de sus “¿Me comprende?”:
–Hace poco, en su última estadía en Alemania, Borges repitió por enésima vez que los latinoamericanos, en el fondo, son europeos de Ultramar. ¿Qué piensa usted al respecto, cómo cree que ello –si es que fuera verdad– ha influido sobre la literatura de América Latina?
–Creo que en ella existen elementos europeos, digamos que impuestos –en el sentido de inserción forzosa– por la colonización, por la evangelización. Pero pienso que se ha desarrollado algo muy, muy propio, muy genuino, que no es europeo ni tampoco tiene que ver con problemas europeos. Mi impresión es que en ella se mezclan bastantes elementos, pero que la dominante es específicamente latinoamericana. Por cierto que los europeos también somos hijos de una colonización. Nosotros, los alemanes, lo somos de todos modos, y los de esta zona de la Renania de una manera muy especial. Somos el producto final de la colonización romana, que fue dolorosa pero que hizo que fuésemos lo que somos. En realidad somos colonizados, y el nombre de la ciudad en la que nos encontramos ahora es algo que lo dice expresamente: Colonia, fuimos una colonia. En ello no veo nada denigrante, y después de cuatro, cinco siglos de colonización de América Latina, no es la influencia europea un elemento perjudicial para lo específico latinoamericano de la literatura del continente. Sucedieron cosas que fueron terribles, dolorosas: la Conquista y, vinculada a ella, la cruel evangelización. Y sin embargo, también llegó forzosamente de Europa lo que con seguridad era digno de ser asimilado, de ser integrado. ¿Me comprende?
–Sí, pero no sólo llegó aquello que era digno de ser –para emplear su misma expresión– “transportado”, también otros elementos muy negativos, por ejemplo el militarismo, el machismo, tan españoles, y ahora tan latinoamericanos.
–Sí, ya dije que no sólo veo cosas buenas en ello. La ridiculez, la absoluta ridiculez de la parafernalia militar es (diría yo) una España simiesca, ¿me comprende?, si-mi-es-ca. ¡Cuando veo cómo discurren esos desfiles! ¡Y esos uniformes!, como una función de marionetas..., eso también es europeo. Pero con el idioma europeo, con el español, llegó igualmente al otro lado el espíritu español en lo que no era negativo. Del mismo modo que nuestro idioma está lleno de palabras latinas, del mismo modo asimilamos también algunas cosas absurdas de los romanos. Por ejemplo, la destrucción del derecho germánico, que comparado con el romano era mucho más democrático. Todas esas son cosas que las hemos incorporado a través de la colonización.
–¿Por qué le parece que es tan difícil encontrar un sentimiento religioso en los autores latinoamericanos?; ¿por qué, cuando se enfrentan a la problemática religiosa, lo hacen casi siempre desde un planteamiento satírico?
–Me parece que, teniendo en cuenta la historia de América Latina, es algo inevitable. Quienquiera que se considere vinculado al continente, formando parte de él, no puede aceptar el papel desempeñado por la Iglesia hasta hace, digamos, unos diez años. Pero tengo la impresión de que lo religioso, quizás incluso lo católico, regresará purificado a nosotros algún día, desde América Latina, ese continente cruelmente evangelizado. Lo que veo, lo que oigo de los pocos sacerdotes y obispos verdaderamente comprometidos de América Latina, me da la impresión de que el cristianismo tal vez comience algún día. También aquí. ¿Me comprende?
–Creo que sí. Y usted, ¿cree usted posible que se produzca alguna vez una influencia de la literatura latinoamericana en la europea?
–Sí, cuando se conozca de veras acá, podría llegar a tener más influencia que la que ejerció sobre nosotros, después de 1945, la literatura estadunidense. Naturalmente estuvimos influidos por Hemingway, Faulkner y todos los grandes; Dos Passos también. Fue una suerte para nosotros, una especie de liberación de una literatura alemana cuyo carácter era bastante penoso. Y si la literatura latinoamericana es tomada en serio, como se merece, creo que puede llegar a tener esa eficacia liberadora.

Saturday, April 25, 2015

El Neoliberalismo como antihumanismo...


El obispo Raúl Vera en una marcha acompañando a las madres de indocumentados desaparecidos

Monseñor Raúl Vera se graduó en Teología, con grado summa cum laude, en la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino de Roma. Es obispo de Saltillo, Coahuila, y obispo coadjutor de San Cristóbal de las Casas. En esta conversación habla, entre otros temas, de la necesidad de una nueva Constitución política. Monseñor Raúl Vera llega al aeropuerto de Tuxtla como un pasajero más. Nadie imagina que este amistoso hombre de cabello completamente blanco, vestido con una chamarra negra y camisa de franela, que lleva una cruz en su bolsillo, busca reformular las bases jurídicas, así como la organización política y civil de México. Presente en Chiapas para lanzar su plan para el Nuevo Constituyente, Vera comparte su visión crítica y aguda del panorama actual y la clase política nacional.
entrevista con Raúl Vera
Renzo D´Alessandro
México, el país más destruIdo de la tierra
A lo que apuesta el capitalismo neoliberal es a la desaparición de parte de la humanidad
–¿Qué evoca en usted su estancia en Chiapas?
–Lo que aprendí aquí, en medio de los hermanos mayas, choles, tzotziles, tzeltales y tojolabales. Aquí vi una diócesis que don Samuel organizó espléndidamente y cuyo trabajo pastoral y evangelizador se realizó bajo el espíritu del Concilio Vaticano Segundo. Antes de llegar aquí, me decían que en Chiapas “se idealizaba a los indígenas”, pero la realidad es que quienes hablaban así sólo justificaban su racismo, ya que no conocían al mundo indígena más que por las películas de la India María. Tenían la mentalidad del indigenismo que piensa que los indígenas deben abandonar su lengua, valores, costumbres y relaciones con la tierra, el agua y el bosque. Don Samuel decía, cuando el levantamiento zapatista: “Si estos hermanos quieren entrar en México a vivir con su cultura y su riqueza es porque saben lo que le pueden aportar a este país.”
–En ese contexto, ¿existen las condiciones para la construcción de un diálogo que cree un nuevo pacto social y de paz con el Estado?
–No. Aquí el diálogo va a ser entre los ciudadanos. Desgraciadamente no tenemos Estado mexicano, ese es nuestro problema. El diagnóstico que resultó de las preaudiencias y audiencias del Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) presenta pruebas fehacientes de la situación de usurpación que hace el Estado mexicano en contra de la población. Entonces no vamos a dialogar con un Estado, o mejor dicho, con un equipo de gobierno deshonesto, que no está cumpliendo con sus obligaciones sino, al contrario, destaza la Constitución con sus reformas estructurales para que vengan a saquearnos. ¿O acaso no llenaban de elogios en Inglaterra al señor Peña Nieto por sus reformas estructurales? Es igual que Walter Raleigh, el pirata de IsabelI: así va a ser recordado, por llevar el título del “pirata de la reina”. El diálogo es entre nosotros. ¿Qué vamos a dialogar con ellos? ¡Queremos redactar la Constitución que necesitamos nosotros, el pueblo! ¿Cómo vamos a llegar? Mediante el Artículo 39 de la Constitución, que establece una vía pacífica para tener el gobierno que queremos. Tenemos que plasmar las bases que rijan el pacto social, las relaciones que tenemos con nuestra tierra, propiedades, petróleo, energéticos, metales, y especialmente con nuestro maíz. No van a regirnos leyes como las que le están dando a Monsanto la propiedad intelectual del maíz criollo para que mañana, si le encuentran a un campesino maíz criollo en su casa, lo terminen encarcelando porque ya es Monsanto la dueña de la patente del maíz que domesticaron nuestros pueblos originales. Vamos a llegar mediante el plebiscito, el referéndum, la revocación del mandato, la consulta popular y los consejos ciudadanos presentes, y no con esos equipos de poder fácticos como el Instituto Nacional Electoral. Queremos llegar a una elección popular con nuestros representantes populares, que serán los que hagan y conformen una asamblea constituyente. No queremos la participación de los partidos políticos que han mandado cantidad de bazofia a las Cámaras, y han puesto en el [Poder] Ejecutivo a gente deshonesta y truhán que se ha dedicado a desviar el poder para que seamos despojados.

Ilustración: constituyenteciudadana.org
–¿En qué se parece el proceso del Nuevo Constituyente con el que implicó la preparación y la construcción de los Acuerdos de San Andrés?
–En que es un diálogo con el pueblo. Los diálogos de San Andrés se pararon. Mientras se estuvo hablando de derechos y cultura indígena, de cosas que, decían algunos, “les interesan a esos inditos”. Hasta el día de hoy los pueblos originarios no son sujetos de derecho, son simples objetos de derecho. La ley indígena hoy no es otra cosa que un planecito de Sedesol para seguir dando maicito, lechita y tonterías. Es necesario reconstruir los distritos electorales para que cada uno de los grupos y las familias dispersas en la República tengan una representación en las Cámaras. Siempre discutieron que no podría haber un cuarto nivel de gobierno, pero ¿no dice el Artículo 2 de la Constitución que somos una nación plural? Ni siquiera llevaron a la Constitución esa ley, pero se mantenían en el diálogo, aunque ya empezaban a hacer su estrategia contrainsurgente de guerra de baja intensidad con los paramilitares matando y echando fuera a los hermanos de sus comunidades, con el fin de quitarle el agua al pez para que se muriera. Pero, además, gastando un dineral, porque para atacar a los 15 mil sublevados, atacaron a los otros 85 mil. ¡Magnifico!, eso les diría Estados Unidos, que les vendía las armas y era el que proveía de todo. Es entonces cuando se empieza a hablar de democracia y de justicia, y surge la reflexión de que la estructura de México es la que tiene que cambiar. Entonces empezamos a pensar en una nueva Constitución, porque no quisieron que desde aquí surgiera un camino hacia un nuevo México para que se integraran no solamente los hermanos, sino todos los mexicanos que estaban afuera. Hoy México está en hambre, en miseria, en violación de los derechos humanos, todo el país está como estaba Chiapas en esos días.
–Pero entonces, ¿cómo se articula la propuesta del Nuevo Constituyente con el contenido y método de otras propuestas, como la Sexta Declaración de la Selva Lacandona?
–Bueno, no hemos hecho nosotros ese ejercicio. Ese lo van a tener que hacer nuestros hermanos, pero las experiencias previas por supuesto que van a ser un abono. Aquí no se trata de que un grupo va a avasallar, se trata de que todo el pueblo sea consciente. No vamos a decir: “ah, ellos ya lo hicieron, entonces vamos a hacer lo mismo” o “como ya lo hicieron entonces les copiamos todo”. Si algo nos enseñó el camino que realizaron aquí los pueblos de Chiapas –que fue una organización de la Iglesia, aquí lo hizo la Iglesia–, es que no queremos que un grupo avasalle. Aquí la gran riqueza que le dio fuerza a este movimiento, no sólo a nivel nacional sino mundial, fue el sujeto social que aquí se creó. Y si algo nos pueden dar los pueblos originarios a este proceso es la riqueza humanística que tienen.

Marcha el Obispo Raúl Vera en Chilpancingo, 10 febrero, 2014
–¿Cuál sería la diferencia de su concepción del sujeto social en este proceso, respecto de la que tuvo en su momento don Samuel Ruiz?
–Son lo mismo, es el ser humano, es un amor libre, crítico, capaz de tener una cultura de servicio en el ámbito político, que entiende que la tierra es de todos, que esta casa es la casa de todos. Hay valores universales que vienen en el Evangelio, porque aquí lo predicó Samuel Ruiz: “Yo lo único que anuncio es el Evangelio, no tengo nada que ver con el capital, ni con el marxismo. El Evangelio es de por sí liberador del hombre”; punto y se acabó. El concepto del hombre que tiene el Evangelio es universal, no estamos inventando un hombre diferente, es el mismo que tiene la capacidad de organización social y comunitaria de nuestros hermanos que están por tradición preparados para hacerla.
–¿Cómo se articularían los resolutivos del tpp y el proceso del Constituyente con otros procesos de base, por ejemplo los Espejos zapatistas, los acuerdos entre el CNI y el EZLN?

Los Obispos Raúl Vera López y Francisco Villalobos Padilla
piden que la violencia pare en peregrinación
–No hay ningún problema. El tpp no es un grupo que creó un movimiento, lo que hizo fue someter a juicio a partir de acusaciones al gobierno mexicano en torno a la victimización que están generando en este momento los mecanismos gubernamentales y las víctimas que crea este sistema injusto en el que estamos. El TPP hizo una revisión orgánica de esa injusticia a través de los muchos sectores que escuchó. Lo que estamos haciendo es seguir el legado de la sentencia final, las acusaciones y la descripción del período espantoso que vive México, el país más destruido de la tierra. El tpp es la visión y la identificación de las causas comunes que ahí surgen. Es todo, es una iluminación para que nosotros tengamos un camino a seguir, que no es distinto del camino a seguir que están buscando todas estas personas. O sea, no hay ningún problema, estamos unidos porque tenemos enfrente al mismo enemigo de la vida, de la paz y de la justicia en que se ha convertido en este momento el gobierno mexicano.
–¿Considera realmente que en México existe el capital humano para poder lograr un nuevo Constituyente?
–El capital humano que ya existe ahí está. Lo tenemos que organizar y también nos tenemos que dar tiempo para generar ese capital en donde todavía no existe. Por eso nos estamos proponiendo formar cuadros ahí en las aldeas, los parajes, las rancherías, los barrios. Ese es un camino de crecimiento como ciudadanos críticos que quieren participar en la construcción del país. El empoderamiento viene del pueblo que dice: “Yo dicté esta Constitución, es mía, no me la dieron esos señores.” ¿Qué se piensan? ¿Que les dimos el derecho a hacer leyes de todo tipo, incluyendo la porquería que nos están dando ahora con la Ley Federal del Trabajo, la Ley de Aguas? Es vender y vender, porque a lo que le apuesta el capitalismo neoliberal es a la eliminación de una parte de la humanidad. La razón fundamental es que no quieren en la Tierra más gente que consuma energía, porque no están dispuestos a rebajar su nivel de vida. Si empezamos a compartir la energía que la Tierra produce para todos, vamos a tener que vivir más modestamente, y el uno por ciento de los habitantes de la Tierra quiere seguir en el lujo y en el despilfarro. ¡Esa es la raíz del capitalismo neoliberal! Eliminar a la gente porque no quieren abandonar el lujo en el que siempre han vivido.