A 50 años, ¿qué queda del Concilio Vaticano II?
Bernardo Barranco
Así como el mundo mira con amable desconfianza la conclusión
negociada del Vatileaks, la fuga de documentos clasificados y, el desenlace de
un juicio pactado en torno al mayordomo de Benedicto XVI, Gabriele Palo;
asimismo se asiste con escepticismo a la inauguración del nuevo sínodo de los
obispos, sobre la evangelización, donde la Iglesia se apresta para celebrar los
50 años del Concilio Vaticano II. Los tiempos han cambiado y pocos recuerdan
aquella noche fría e iluminada por una esplendorosa luna llena, 25 de enero de
1959, en la que Juan XXIII el Papa bueno, anuncia con emoción la realización de
un nuevo concilio ecuménico con vocación universal. La empresa era ardua desde
todos sus ángulos principalmente por las reticencias internas. Sin embargo, el
papa Roncalli (1958-1963) sortea las oposiciones y condensa con una sola
palabra que simplifica toda su compleja iniciativa: aggiornamento, o puesta al
día de la Iglesia. Otra célebre expresión clave y mediática de Juan XXIII que
esboza la actitud católica de entonces, fue: Abrir las ventanas de la Iglesia
al mundo, aquí se ponía de manifiesto la apertura de diálogo con el mundo
moderno.