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Sunday, November 27, 2011

Daniel Sada

Elena Poniatowska/ La pérdida de Daniel Sada es enorme porque era un escritor único en su género. Claro, todos somos insustituibles, pero unos lo son más que otros y Daniel Sada corrió riesgos literarios que hicieron que Roberto Bolaño lo considerara su par, el mejor de su generación. Gracias a él, a Daniel Sada, el mundo las letras en México se hizo más civilizado y más culto. Álvaro Mutis lo llamó el Rabelais de México, un artesano impecable. Eduardo Lizalde lo situó de inmediato dentro de la mejor tradición de la narrativa del México del siglo XXI. En Cartagena, Murcia, hace años la doctora Charo Alonso de la Universidad de Salamanca, Daniel Sada y yo comimos juntos. ¡Qué hombre tan simpático y cercano! En su carta de pésame, la doctora Alonso escribe que días antes lamentó la muerte de Pilar Donoso (cuyo libro le fascinó) y ahora la aqueja una doble tristeza: la de la muerte de Daniel Sada. Lástima, quedaron tantas cosas por hablar. La penúltima vez que vi a Daniel Sada fue en París en 2009 cuando nos invitaron a la Feria del Libro dedicada a México. Estoy enfermo, tengo diabetes y malo un riñón. Diez años antes, en 1999, me había pedido que presentara su libro Porque parece mentira la verdad nunca se sabe y, la verdad, me costó trabajo porque la novela tiene 90 personajes. Aunque el lenguaje es soberbio, yo quería irme rápido. Creí que leería Porque parece mentira… en unas cuantas sentadas porque de una sola leí Una de dos que es un puro deleite, una joya de la literatura. Todavía me bailaba en los ojos el diálogo maravilloso de sus dos gemelas. Daniel decía de sí mismo que era atípico. Carlos Fuentes, encantado, presentó Una de dos en Madrid y declaró que Sada iba a ser una revelación para los escritores españoles y para la literatura mundial. Silvia Lemus le hizo una entrevista televisiva. Marcel Sisniega y el propio Sada hicieron el guión de la película sobre las gemelas cuyas bocas jugaban a las besadas y lograban convencernos que la una era la otra. En París desayunamos juntos, más bien comí yo escuchándolo y viendo su cara redonda y blanca, su buena cara de hombre bueno. Daniel Sada encandilaba con su voz y el ritmo con el que enlazaba las palabras, su métrica. Era a la vez delicado e irónico e incluso hablando era un obseso del lenguaje. Nunca le oía un “pues…” o un o sea o un este entre frase y frase. Como era del norte, Coahuila para más señas, le decía huerco a su vecino de mesa. Daba talleres para ganarse la vida, enseñaba a escribir, a buscar el paisaje interior de cada uno y jamás se le habría ocurrido lastimar a nadie. A diferencia de muchos escritores que intimidan, Daniel Sada era pura bonhomía, puro cariño, como si fuera a servirle a uno una sopa de pollo bien caliente. Tampoco se le ocurrió jamás desconfiar de nadie. Uno está supeditado todo el tiempo a lo que le otorga la cotidianidad, todo es demasiado vacuo y si uno se revisa a sí mismo también encuentra vacuidades. Cuando publicó Ritmo Delta le dijo a Arturo García Hernández algo que a mí me consoló: Si me sintiera maduro ya tendría codificado y estructurado todo. Y en la creación tiene que haber un grado de caos, incertidumbre y sospecha permanente. A él no le gustaba que lo consideraran barroco porque pesaba cada palabra, la ponderaba y luego la ensartaba como un orfebre en el silencio. La comunidad de escritores en México tiene mucho que agradecerle a Daniel Sada, nacido en el salado y tórrido Mexicali, en 1953, y autor de 18 libros, porque nos encaminó hacia otro campo de la literatura, una puerta que sólo él supo abrir, más sabia, más perceptiva en la que el mismo lenguaje lleva a otros estadios de reflexión y de percepción. En enero de 2012, Daniel y su mujer Adriana Jiménez García viajarían a Nueva York a presentar Casi nunca (su novela más querida), traducida al inglés. Si me empezaba a ir bien ¿cómo que me fui a enfermar? preguntaba Daniel. Nunca imaginó la valiente Adriana que a Daniel lo aquejaría una vorágine de males (perdió la vista gradualmente) ni imaginamos nosotros que lo recordaríamos hoy con tantísima tristeza.

Monday, November 14, 2011

La pérdida de Cuatro Ciénegas, compromiso con la ciencia, con la humanidad



Por: 
Elena Poniatowska



Cuatro Ciénegas es un valle con una extensión de 200 kilómetros en el desierto de Coahuila. Emergió del mar hace muchos millones de años, cuando la corteza terrestre se dividió, el valle quedó aislado por las diversas montañas que lo rodean y en la laguna comenzó una forma de vida muy singular que es un tesoro invaluable para la humanidad. En Cuatro Ciénegas es posible encontrar especies animales y vegetales endémicas que tuvieron un proceso evolutivo como el que encontró Charles Darwin en las islas Galápagos.
El ecosistema existente es único en el mundo. Su importancia es tan grande que científicos de otros países se interesan en estudiar esta zona, ya que Cuatro Ciénegas es lo más cerca que podemos estar del comienzo de la vida en la Tierra. Aquí hay bacterias tan antiguas que se desconocen, porque sólo sabemos de las que ya fueron catalogadas; peces, tortugas y aves que no sobrevivirían en un zoológico; plantas propias de este sitio que morirían en un invernadero. ¡La NASA ha estudiado el lugar con el fin de comprender al planeta Marte! Se trata de un punto clave para entender el origen de la vida en la Tierra.
Si es tan importante para los extranjeros, instituciones como la NASA y científicos e investigadores mexicanos, ¿por qué los órganos del gobierno federal no prestan la atención que Cuatro Ciénegas y su situación de supervivencia exigen?

Saturday, June 19, 2010

Carlos Monsiváis...

El cumple 72 de Monsi

Elena Poniatowska escribió en La Jornada este texto el 4 de mayo anterior a Carlos Monsiváis.

La Jornada

Hoy Carlos Monsiváis cumple 72 años. El año pasado fuimos a felicitarlo a su casa y a cantarle Las Mañanitas con un trío femenino y feminista de mariachis de sombrero más ancho que su falda y luego desayunamos con él en la avenida Tlalpan, a un lado de la calle de San Simón.

Caminamos a su lado y la gente lo paraba en la calle. “Si sigue así voy a caer en la autoindulgencia.” Tras de él avanzaba una cauda invisible: su madre, doña Esther, Beatriz y Araceli, su tía, quien fue ama de llaves de Artemio de Valle Arizpe, quien le daba permiso de llevarse unos libros a su casa; sus amigos de toda la vida, Luis Prieto, Sergio Pitol, José Emilio Pacheco, Fernando Benítez, Iván Restrepo, de la mano de Nelly; Francisco Toledo, Vicente Rojo, Rafael Barajas, El Fisgón; Jesús Ramírez, Chema Pérez Gay y Lilia, Rolando Cordera, Jenaro Villamil, Rogelio Naranjo, Eduardo del Río, Rius; Julio Scherer García, Ricardo Pérez Escamilla, Carlos Payán, Hugo Gutiérrez Vega, Neus Espresate, José Luis Ibáñez, 12 gatos con listones de colores en torno al cuello y las mil 500 personas que congrega cada vez que presenta un nuevo libro.

La avenida Tlalpan se llenó con los más diversos personajes, porque desde Días de guardar hasta Apocalipstick, Monsiváis convoca multitudes. Carlos reía, como ríe de ti y de mí, de nosotros, de ustedes, ríe de lo que pasó aunque no ríe del futuro y de lo que nos espera. En ese desayuno nos hizo reír mientras comía sus tacos de pollo con salsa verde acompañados por frijoles refritos y una Coca-Cola.

“Carlos: ni un taco más”, le dijo Marta Lamas, quien es su ángel de la guarda de alas que van de San Simón a Tlacopac y sobrevuelan todos los periféricos y los viajes por la República y los que van de Alaska a la Patagonia. Tan grande es su curiosidad, su azoro y su gratitud que Carlos a todo le dice que sí.

Hoy festejamos a Carlos Monsiváis, brindamos por él y por su pesimismo orgánico y sus revelaciones que tienen mucho de ironía y mucho de parábolas bíblicas.

Carlos Monsiváis se encuentra ahora en el Instituto Nacional de Nutrición porque sufre fibrosis pulmonar. Su corazón está en perfecto estado, dicen los médicos, y así tiene que ser porque el corazón de Monsiváis abarca todas las luchas sociales del siglo XX y del XXI.

Hace unas semanas defendió a Luz María Dávila, madre de dos de los 16 jóvenes asesinados en Ciudad Juárez. Desde su primera huelga de hambre para apoyar a los maestros en 1958, Monsiváis acompaña las grandes causas de nuestro país. A los 16 años, en 1954 le tocó ver a Frida Kahlo en una silla de ruedas empujada por Diego Rivera en una manifestación en contra del derrocamiento de Jacobo Arbenz en Guatemala y de allí para el real ha asistido a todas las marchas, las protestas, los actos de resistencia que sus crónicas consignan: la de los estudiantes en 1968, los damnificados de San Juanico en 1984, los del terremoto de 1985, los zapatistas en 2001, el feminismo, la despenalización del aborto, la persistencia de la homofobia, la lucha contra el neoliberalismo, el sida, la corrupción política y la defensa de nuestra historia y del arte del pueblo, sus luchas, sus querencias y sus entretenimientos en El Estanquillo.

Gran polemista, gran interlocutor, gran luchador social de toda la vida, gran promotor de la sociedad que se organiza, cronista, guía y gurú de los jóvenes de hoy que lo aman y lo siguen, Monsiváis, además de recoger con humor y sentido crítico los episodios de nuestra historia, ha denunciado todas las atrocidades sociales y lo consideramos desde hace muchos años la conciencia moral de México. Desde aquí le deseamos el regreso a la salud y al deseo de narrar lo vulnerables que nos sentimos sin él






Llega cuerpo del cronista al Museo de la Ciudad de México

Monsiváis será velado toda la noche en este recinto y sus restos incinerados antes del mediodía de este domingo.
Notimex
Publicado: 19/06/2010 21:26
México, DF. En punto de las 21:15 horas una ovación rompió el silencio que desde minutos antes se estableció en el Museo de la Ciudad de México, cuando el cuerpo del escritor Carlos Monsiváis entró por la puerta principal.
La ovación que se prolongó hasta un minuto fue la bienvenida para Carlos Monsiváis, quien llegó acompañado de sus más cercanos familiares, así como de artistas, funcionarios culturales y personalidades inmersas en el mundo de las letras, todos ellos reflejando el dolor en el rostro.
La escritora Cristina Pacheco; la presidenta del Conaculta, Consuelo Sáizar; el flautista Horacio Franco, y el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, José Narro Robles, rodearon el féretro de madera color miel, donde reposaban los restos del intelectual mexicano fallecido este sábado en la ciudad de México.
La primera guardia de honor la hicieron la escritora Elena Poniatowska, Consuelo Sáizar, la secretaria de Cultura local, Elena Cepeda, y el rector de la UNAM, José Narro Robles, quienes fueron sustituidos momentos después por otras personalidades que mostraron deseo de hacerlo.
Al tiempo que las guardias de honor se sucedían una tras otra y en lapsos breves, el flautista mexicano Horacio Franco, entrañable amigo de Monsiváis, interpretó una pieza musical a manera de réquiem, por el amigo que se ha marchado y que ha provocado una tristeza.
A un lado del féretro instalado frente a la fuente del patio central del recinto museográfico fue colocada una fotografía de gran formato, donde se ve al intelectual sonriente y teléfono en mano mirando fijamente a un gato, que figura en primer plano.
Junto con el cuerpo del coleccionista, crítico, cronista y ensayista, ingresó al museo un cuerpo de seguridad integrado por alrededor de 15 elementos de la Policía Bancaria e Industrial, quienes resguardaban el interior del inmueble, mientras que el exterior era vigilado por otros guardias de seguridad a pie y en vehículos especiales.
Carlos Monsiváis, quien falleció en el Instituto Nacional de Nutrición “Salvador Zubirán”, donde ingresó el 2 de abril pasado víctima de complicaciones de fibrosis pulmonar que padecía desde tiempo atrás, sería velado toda la noche en el Museo de la Ciudad de México para ser incinerado antes del mediodía de este domingo.
El lunes los restos serán objeto de un homenaje en el Teatro de la Ciudad, espacio que permanecerá abierto al público que se identificó durante el último tercio del siglo XX con la obra crítica y certera, real y álgida del cronista de la ciudad de México.
Escritores, políticos y personalidades del medio cultural de esta ciudad seguían llegando al recinto, en la calle Pino Suárez, para despedir a Carlos Monsiváis.